La hermandad dañada en las familias. Reflexiones desde las Constelaciones Familiares.

Una de las mayores, explosiva pero poco ruidosa guerra que se libra todos los días, se despacha en el campo de batalla familiar, en el interior de estas murallas que guardan tantos secretos. Especialmente la guerra de hombres contra mujeres y de mujeres contra hombres. Sobre todo en la pareja de padres. La guerra que ocasiona más víctimas es la del padre contra la madre y viceversa. Y esto porque una porción enorme del sufrimiento de los hijos en las familias viene de la relación hiriente, irrespetuosa y violenta que experimentan, o incluso exhiben, los padres entre sí. Ante esto el hijo está inevitablemente condenado, sufriente y perdido. Introyectará la atmósfera belicosa e infeliz de lo que ve, y hará malabares interiores para seguir queriendo a ambos padres de alguna manera.

La relación de pareja debería desarrollar también la dimensión fraterna y amigable del amor, de manera que pudiera expresarse en la fórmula de "estamos juntos, estamos en nuestro lugar de padres, manejamos nuestros asuntos a nuestra manera, y cultivamos la paz y el amor entre nosotros, como amigos entrañables, incluso a la hora de los desacuerdos o de la separación". Desde luego el paraíso afectivo es un ideal en las familias, fácil de soñar, pero muy difícil de lograr. Es obvio que estamos enfermos de desamor y que la plaga emocional se reproduce generación tras generación. De ahí que nunca es demasiado el trabajo del hijo con los padres para lograr la paz de su corazón, y muy especialmente el trabajo del hijo referido a la relación de los padres entre sí. Una porción increíble del sufrimiento de los hijos y de los hermanos es directamente proporcional a la lucha de sus padres.

Cuando hay respeto y cooperación entre los padres, es rara la presencia de conflictos serios entre hermanos. Prevalece el amor y el respeto como un reflejo del modelo respetuoso y amoroso de relación entre los padres. Si vamos a los hermanos veremos, a menudo, que conflictos graves entre hermanos reproducen disputas y guerras graves entre los padres. La ecuación es simple: algunos hermanos toman el bando de uno, y otros hermanos el bando del otro. Y luchan y litigan con la mayor de las pasiones. Entonces el amor cooperativo, fraternal, puede tornarse en odio competitivo. Apenas advierten que odian y luchan en nombre de sus padres. Por ejemplo, si vamos a los celos que militan con el hambre de amor del niño, no se multiplican ni se estimulan, si los padres están claramente en su lugar y no reproducen escenarios antiguos de falta o triangulación con sus padres…

Otro ámbito en el que se recrudecen los conflictos entre hermanos en el interno de las familias es a la hora de las herencias y los repartos de bienes. Lo que ahí está perturbado es la dinámica de tomar lo que viene de los padres en la primera infancia, que se actualiza después en forma de rivalidades y competencias ante la carnaza de los bienes. Lógicamente todo esto se nutre de la inconsciencia de los padres y de su dificultad para tomar claramente su lugar, además de sus propios juegos psicológicos con los hijos o del uso ego centrado y manipulativo que hacen de ellos. Los hijos han quedado trastornados en la satisfacción de sus necesidades por no recibir lo adecuado o lo necesario, o no haberlo sabido reconvertir a lo suficiente. Son pasiones que como células dormidas de nuestra infancia despiertan de adultos cuando encuentran su oportunidad, por ejemplo, ante las herencias. Ahí queremos compensar nuestros sacrificios o nuestras faltas, y se actualizan las viejas rivalidades.

Son ideas simples pero ojalá nos orienten en estos paisajes tan importantes de nuestros afectos y nos hagan sentir la contundencia de la siguiente frase de la que no recuerdo el autor: “quien tiene un hermano tiene un tesoro”.

 

Por Joan Garriga

Socio fundador del Institut Gestalt. Psicólogo. Diplomado en Psicoterapia Humanista.

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Tú eres una maravilla y los otros también

Tú eres una maravilla y los otros también

La autoestima debería ir siempre de la mano con la empatía, si queremos asegurarnos de desarrollar autoestimas realmente sanas. Cada vez que hago una conferencia a familias o a profesorado sobre qué es y qué no es la autoestima, y ​​sobre cómo podemos fomentarla en los niños, comienzo haciendo referencia a la empatía y lo hago recurriendo a una bella y conocida cita de nuestro violonchelista universal, que nos interpela sobre cuándo enseñaremos a nuestros niños lo más importante de todo: que cada uno de ellos es una maravilla única e irrepetible y que, por tanto, se tienen que cuidar y proteger los unos a los otros y procurar no hacerse daño.

Hace unas semanas fue noticia la visita a Barcelona de la que está  considera la niña más bonita del mundo. Un trámite burocrático le impidió desfilar en una reconocida pasarela de moda; pero su condición de minitop model y todo lo que conllevaba generó debate. Que una niña pueda ser catalogada de esta manera a mí me parece un atentado a la niñez en general y a cada una de las niñas del mundo en particular. A la niñez porque es una etapa en que los niños deberían ser simplemente niños y los adultos deberíamos garantizar que puedan serlo, a resguardo de insensateces como ésta, que conducen directamente a la esclavitud del cuerpo. También lo considero un ataque a cada una de las niñas del mundo porque la niña más bonita del mundo lo son todas, cada una de su casa, y hay tantas como hijas haya en cada hogar.

¿Autoestima o vanidad?

Plantear la autoestima como una comparativa entre uno mismo y los otros en la que salimos victoriosos nosotros es una gran equivocación, además de antiempático. Y sentirnos mejores o superiores a los otros en algunos aspectos o en todos no tiene nada que ver con la autoestima. Se llama arrogancia o vanidad y tiene muchas contrapartidas que suelen complicar bastante las relaciones con los demás.

Debemos decir a nuestros hijos e hijas que ellos son los más bonitos de nuestra casa y los otros niños y niñas, los más bonitos de la suya. Tenemos que hacerles saber desde pequeños que ellos son una maravilla y que todos los demás también lo son. Y cortar o reconducir con tacto y contundencia cualquier comentario o actitud que lo pongo en duda.

 

Por Eva Bach.

Pedagoga, maestra y escritora. Especialista en educación emocional.

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Artículo publicado el 21 de marzo de 2015 en el Diario ARA, dentro del Suplemento "Criatures" de los sábados, en el espacio "Flors de Bach". Traducido del catalán.

Nosotros resolvemos nuestras cosas

Nosotros resolvemos nuestras cosas

De la misma manera que es bueno y necesario que las criaturas aprendan a resolver sus cosas, también lo es que los padres y madres resolvamos las nuestras. Podemos explicar a nuestros hijos algunos de nuestros problemas, sobre todo los que son visibles y evidentes o que se pueden intuir aunque no hablamos. No hacer mención por no preocuparlos puede ser peor. Pueden dejar ir la imaginación y pintarse las cosas peores de lo que son, o sentir que no cuentan suficiente, o acostumbrarse a vivir de espaldas a las dificultades. Pero hacerlos totalmente partícipes de nuestros traspiés y contratiempos también puede ser contraproducente. Y más aún si los situamos en una posición de confidentes, consejeros o consoladores, que no  les pertenece en absoluto.

Las criaturas son criaturas y tienen que hacer las cosas que son propias de las criaturas. Hacer de apoyo de los adultos no es tarea suya.

Es cosa de los padres.

Es trabajo nuestro darnos ánimo y darlo a nuestros hijos. Y si en algún momento no podemos a hacerlo con la fortaleza y la serenidad que haría falta, incurrimos en un desorden si pretendemos que sean las criaturas las que nos ayuden a rehacernos.

El amor y la generosidad de los niños es tan grande que, aunque no lo pretendamos ni lo pedimos, están dispuestos a hacer lo que haga falta por nosotros.

Esto puede hacer que, en algún momento de debilidad, los carguemos con más peso del que su corazón y su mente pueden tolerar.

Estos despropósitos les provocan un gran sufrimiento. Es saludable y educativo que reconozcamos abiertamente determinadas dificultades.
Pero hagámoslo sin recrearnos en ella, sin victimismo ni dramatismo. Y, sobre todo, les digamos que estén tranquilos, que nosotros nos haremos cargo de nuestras cosas y que, aunque nos cueste un poco, haremos lo que podremos para resolverlas.

 

Por Eva Bach.

Pedagoga, maestra y escritora. Especialista en educación emocional.

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Artículo publicado el 23 de julio de 2011 en el Diario ARA, dentro del Suplemento "Criatures" de los sábados, en el espacio "Flors de Bach". Traducido del catalán.

Las múltiples familias de hoy: bienestar y sufrimiento de los niños

Las múltiples familias de hoy: bienestar y sufrimiento de los niños

¿Qué nos revelan los niños? Sencillamente todo, todo lo que se cuece en los mundos visibles e invisibles, ellos son un puro inconsciente andante, y todo niño como miembro y parte de su sistema -que es un organismo vivo- entra en contacto con los ritmos de ese sistema, con sus equilibrios y desequilibrios y hace su juego para compensar y bailar al compás de lo que necesita su sistema familiar.

Partimos de la hipótesis, que en muchos casos los síntomas que manifiestan los niños y adolescentes, están expresando un desorden o lealtad con su sistema. Por supuesto su actuación es inconsciente y obedece a un campo de información con el que el niño se ha encontrado, y por tanto poder mirar esto y ordenarlo, abre la puerta de nuevo al aprendizaje y a la vida y aporta bienestar a todos, para que cada uno ocupe su lugar y esté un poco más libre para hacer lo que le toca hacer, ya sea en el rol como padres, madres u otras personas que sostienen y cuidan de las nuevas generaciones.

“Los niños y niñas de hoy y de siempre, son auténticos sabios y aliados del espíritu. Aprender a leer y escuchar sus síntomas, nos trae regalos inusitados, mensajes cifrados, cargados de sentidos y significados”.

Contextos del siglo XXI

Hoy existe una gran diversidad de modelos y formatos familiares, quizás nunca habíamos asistido a tantas formas de vida diversas además de las que esta posibilitando la tecnología y la ciencia, inseminaciones, úteros de alquiler. Adopciones, niños de acogida, procedencias culturales muy distintas, familias múltiples, hijos de parejas anteriores.

Separaciones y divorcios

Este es uno de los grandes temas que deben atravesar muchos niños-as de hoy, mis padres se separan, mama tiene otro novio, y el novio tiene una hija,  ¿es mi hermana? ¿Cómo la tengo que tratar, y al novio?

Delante de ellos no me atrevo a hablar de mi padre, mama está embarazada de este novio nuevo, y ¿yo que pinto aquí? ¿Molesto? Yo quiero mi familia de antes.

Son muchos los niños que viven situaciones parecidas y necesitan que los adultos les hablen claro y estén en orden para no generar  sufrimientos innecesarios.

¿Qué suele pasar en las parejas que se separan?

A menudo están muy enfadados, frustrados porque la relación no salió bien o como esperaban, se quedan mirando sus sueños malogrados o lamiendo sus heridas y con sentimientos muy negativos hacia la otra persona, culpabilizándola etc. Pocos todavía hacen una separación amistosa dónde pueden reconocer lo que SI les salió bien, lo que compartieron y en ese mirar los éxitos estarían los Hijos como su milagro y que fue algo grande lo que sucedió entre ellos, aunque la relación de pareja no fuera lo esperado, es decir son los padres que pueden rescatar la PARENTALIDAD por encima de todo, más allá de sus diferencias hombre, mujer, algo mayor les unirá para siempre. Entonces ese hijo o hijos pueden sentir que son un buen fruto de algo que fue grande y sobre todo,  pueden abrir el corazón a ambos padres.

Cuando esto no acontece pueden suceder varias cosas:

Uno de ellos se agarra al hijo-a como compensación de la pareja,  generará una simbiosis patológica, y una asfixia, el niño no puede crecer o se hará un tirano, ya que se le concedió un lugar demasiado grande o se proyectan en el hijo los sentimientos hacia el padre o la madre,” eres como tu padre “, entonces el hijo es satán.

Otra posibilidad es poner al hijo-a/s en el lugar de juez, ¿tu a quien les das la razón?

Otro papel es el de mediador: “dile a tu madre tal cosa y ellos ni hablan”

Todas estas situaciones y delegaciones generan en los niños graves sufrimientos, desconcierto, confusión y a menudo detiene su maduración emocional.

En otros casos son los niños quienes están muy enfadados y rechazan estos cambios familiares. Pero si los padres muestran emocionalidad saludable, a los hijos les es mas fácil procesar la separación, su plasticidad neurológica les permite adaptarse muy rápido a los cambios.

En resumen, un niño para crecer bien necesita:

-Poder amar a ambos padres

-Que los padres estén en el lugar de padres

-Sentir dignas sus raíces

-Estar en el lugar del hijo-a.

 

Por Mercè Traveset

Directora de la formación en Infancia y familia y Pedagogía Sistémica en el Institut Gestalt.

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